Un blog de Miguel Ángel López Molina                                                                                                                   miguel@ylogica.com  

 

La fe y la eterna duda

¿Quién sabe si Dios, desde su trono celestial, nos observa con una sonrisa sarcástica mientras nos enredamos en divagaciones existenciales? ¡Seguro que se parte de risa mientras juguetea con nuestras almas como si fueran simples marionetas en su teatro del absurdo!
Miguel A. López

Es un día de marzo frío y desolado. El cielo plomizo amenaza con lluvia, mientras las encinas se balancean bajo el azote del viento helado. Sus ramas parecen retorcerse como verdes abanicos ante la fuerza del viento.

Camino junto a Sofía, nuestros pasos van dejando huella en la humedad del último aguacero. Avanzamos por la sinuosa carretera en busca de respuestas que, con toda probabilidad, nunca hallaremos.

Sofía respira hondo y con su mirada penetrante capaz de desnudar las almas más resistentes, me lanzó una pregunta que resonó en el aire como un dardo envenenado:

 -¿Has reflexionado alguna vez sobre la existencia de Dios, Miguel?

¡Uf, vaya preguntita! Sofía tiene ese talento innato para hurgar en los rincones más sombríos de la mente con la maestría de un mago sacando conejos de su chistera. Pero yo, curtido en mil batallas, intenté mantener la compostura. 

-Por supuesto, Sofía, -respondí con una calma simulada- Es el eterno baile entre la fe y la duda, ¿no crees? Un vals que bailamos en la cornisa del abismo, donde cada paso nos acerca un poco más al precipicio.

Ella asintió, y su silencio habló más que mil palabras.

-Las religiones -continué- son como espejos rotos. Cada una refleja una parte de la realidad, pero también distorsiona la imagen verdadera. ¿No te parece curioso cómo todas afirman conocer el camino al paraíso, pero ninguna coincide en el mapa?

-No sería sincero -proseguí- si te dijera que no me intriga saber que hay más allá de la muerte. Dicen que el cuerpo se vuelve espíritu y que hay una luz intensa al final del túnel. Pero, querida amiga, si lo más sólido de ti fuera tu sombra, imagina que al salir del túnel, como hoy, amaneciera nublado.

Sofía, con el ceño fruncido en una mueca de perplejidad, me observó como si yo fuera un enigma sin resolver. 

-¿Crees que Dios está más allá de nuestra comprensión? -inquirió-

Me detuve un instante y girándome hacia ella respondí esbozando una sonrisa: -Mira Sofía, creo que Dios es como ese poema inacabado que nunca lograremos descifrar, y nosotros somos simples náufragos en un inmenso océano lleno de misterios.

-Entonces, Miguel, - susurró Sofía casi como si temiera romper el frágil equilibrio del universo con sus palabras -¿Qué hacemos con todas estas preguntas sin respuesta? 

Adoptando mi mejor pose de filósofo de barra de bar, le respondí con solemnidad: -Las abrazamos, Sofía. Las abrazamos como amantes desesperados. Porque al final del día, la búsqueda es más valiosa que cualquier verdad revelada. La incertidumbre es nuestra brújula, y la duda, la luz que nos guía  en la oscuridad.

Y así, con las nubes grises acechando amenazantes sobre nosotros y pensando en cada paso dado, me incliné hacia ella y le susurré al oído:

 -¿Quién sabe? Quizás Dios también se encuentra agazapado en algún rincón de esta carretera, observándonos con una sonrisa burlona mientras nos perdemos en extrañas divagaciones.

Miguel A. López Molina

05/04/2024

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